Teodora nació en la clase más baja de la sociedad bizantina. Comenzó como actriz y más tarde se convirtió en la esposa de Justiniano I, el emperador del Imperio bizantino. Como emperatriz, se convirtió en la mujer más poderosa de la historia de bizantina.
Promovió la justicia y el trato justo hacia las mujeres. La emperatriz pudo sancionar leyes que elevaron la posición de la mujer. Teodora cambió las leyes de divorcio y las leyes contra el maltrato a la mujer. También hizo construir hospitales y conventos como refugio para las mujeres sin hogar.
El apoyo de Teodora, una devota compañera, ayudó a Justiniano a llevar a cabo sus políticas. Cuando estallaron los levantamientos en el año 532 d.C., Teodora aconsejó a Justiniano que se quedara en la ciudad y que luchara para defender su trono. Después que la ciudad fuera destruida durante los levantamientos, Justiniano y Teodora reconstruyeron Constantinopla con muchos edificios magníficos, incluida la basílica de Santa Sofía.
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